Superdotados: lo mejor de entre nosotros

Superdotados: lo mejor de entre nosotros

Es muy cierto que quien quiere volar alto y, especialmente quien llega a hacerlo, es visto con desconfianza y cierta envidia. En el mejor de los escenarios, con indiferencia. Así ocurre cuando vemos de cerca y conviven entre nosotros cierta clase de personas con una energía especial. Se trata de un “élan” o impulso vital hacia la realización, a decir de Henry Bergson, más intenso y completo, quizá, que el de los demás.

Conjugan unas capacidades de procesamiento mental mucho mayores que nosotros, eso lo sabemos; pero ignoramos demasiadas veces, y no siempre con sana inocencia, que su emotividad es, también, más intensa. Sus emociones acompañan a su cognición y la alimentan de afán descubridor. Su mente descubre y regala a sus sentimientos una profundidad no reconocida por la sociedad, especialmente la más cercana.

¿Qué sucede en su mundo interior?

Las emociones, esas compañeras tan especiales, tan poco conocidas por quienes las sentimos, exaltan y también perturban a los niños superdotados en mayor medida aún. Veamos cómo:

  • Disfrutan, o padecen, de una sensibilidad mayor que los demás. Mucho más matizada y rica, más compleja e interconectada, en suma. La combinan con su mente exploradora, acumuladora de datos que son muy significativos para él y para su progreso descubridor. Y en esa medida son mucho más capaces de ver más allá y de sentir las incoherencias de la vida que los demás cometemos. Pero las sienten con sufrimiento, no es un simplista registro de su mente razonadora. Les resulta difícil aceptar que cosas tan evidentes a sus ojos y tan poco asumibles por su sensibilidad, no sean comprendidas por los demás y que, de “regalo”, reciban recelos hacia su persona. Y eso en el colegio, en sus trabajos en equipo, en sus conversaciones, en muchas otras áreas.
  • Es ese “no encajar” lo que los lleva a desarrollar un espíritu más independiente que los conduce a procurarse un modo de actuar y de relacionarse también diferente. Es posible que traten de autoafirmarse a sí mismos aislándose más. Puede que alternen fases de confirmación de su valía con fases de implosión y debilitamiento emocional. Este es el peor escenario, no cabe duda. Y si es cierto que muchos chicos superdotados lo padecen, demasiadas niñas que también lo son desarrollan esa tristeza existencial aún con mayor facilidad. Sobre todo, en los complicados años de la adolescencia.
  • Su sensibilidad hacia la belleza y la riqueza del mundo les hace percibir y transmitir vivencias interiores, por qué no, útiles a los demás. Pero, claramente, si estuviéramos sensibilizados de verdad con valorar y cuidar de este especial grupo de niños, sería muy, muy bueno para todos. Son tan humanos como nosotros y tan sensibles o más a lo que de verdad importa como lo pueda ser el mejor de entre nosotros.

Lo que los superdotados nos dan

Nos dan mucho, y lo hacen no solo porque muchos de ellos desarrollan una gran generosidad cuando el entorno los comprende, los quiere y los alienta. También lo hacen porque, justamente para adaptarse y crecer en nuestro mundo, necesitan comprender y sentir de manera mucho más global y elevada. Acuden a la ciencia, a la filosofía y al arte. Con esto y por esto son capaces de darnos lo que necesitamos: claridad para dar sentido a las vidas, tanto de manera general como para el día a día.

Pero ¿podemos los demás imitarlos en algo?

Sin duda. Al comienzo citábamos la pulsión descubridora del superdotado. Animado este por su instinto de vida y sus capacidades tan especiales es esa pulsión, no obstante, algo que está al alcance de todos o, al menos, de la mayoría. Como ellos y con su ejemplo es posible dotar a nuestra existencia de una mayor curiosidad por descubrir soluciones que abran en lugar de que cierren, que eleven y que huyan del espíritu de la pesadez.

Y, porque los queremos, vamos a apoyarles

El entorno familiar es vitalmente importante en esto. Necesitan una familia que les cuide con naturalidad y con equilibrio, sin proporcionarles un trato mejor ni peor que a los demás, pero alentando su curiosidad y capacidad de aprendizaje es fundamental.

Y, cómo no, el sistema educativo, hay que decirlo, no está a la altura adecuada. Son proporcionalmente escasos los recursos que se dedican a atender a los niños y jóvenes superdotados. Y no siempre de calidad. Citamos aquí lo que la AEST (Asociación Española para Superdotados y con Talento) valora:

Tampoco estamos satisfechos con la formación que están recibiendo los profesores y Equipos de Orientación (EOEP) para poder atender a estos niños. “Necesitamos que los profesores reciban una formación eficaz. El riesgo al que nos enfrentamos es tremendo, ya que el índice de fracaso escolar cuando estos niños no son atendidos se dispara incluso por encima de la media“.

No son superiores, solo diferentes. No son temibles, únicamente benéficos. Cuidémosles.

Joaquín Santiago

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