Raíces para que los niños crezcan y alas para que vuelen

Raíces para que los niños crezcan y alas para que vuelen

La meta adecuada de la educación, el cuidado y la protección de los niños consiste en prepararlos para que sobrevivan de forma independiente en la edad adulta. Para que vivan conscientemente aceptando sus propias emociones, sus fortalezas y sus debilidades. Para que vivan sintiéndose competentes para aprender, para amar y para ser productivos. No debemos desear otra cosa para ellos y no debemos ahorrar en los medios adecuados para ello.

El tacto y la aceptación

En todas las etapas de la educación, el contacto físico con los padres es un bálsamo para los demonios del autodesprecio. Más o menos ocultos, esos sentimientos contrarios a sí mismo son vividos alguna vez por cada niño. Las caricias a su tiempo, los abrazos y la cercanía física ayudan a prevenirlos y a suavizarlos. Y tras eso y con eso viene el que los padres acepten a su hijo.

¿Significa eso que deben estar de acuerdo con él siempre? En absoluto. Significa solamente que debe sentir que su naturaleza, sus intereses, sus aspiraciones y su temperamento son aceptados tanto si sus padres los comparten como si no. Significa que se habla con él en cada ocasión en que se comporta contra normas o contra sí mismo incluso. Y se habla con él, también, cuando se muestra seguro, eficaz y cariñoso. Es este un hablar donde las emociones se le hacen conscientes al niño a la vez que recibe comprensión de sus padres. Ya para hablar con él es bueno seguir ciertos criterios.

Elogios perjudiciales: evaluar

Sí, estos existen y son tan nocivos como las críticas inadecuadas. Podemos llamar a esta mala manera de alabar como elogio evaluativo. Es el que dirigimos una niña cuando le decimos “eres una gran trabajadora”, “sigue haciendo bien las cosas”, “eres genial”. Este tipo de expresiones no ayudan al niño a llegar a evaluarse a sí mismos. Simplemente aumenta la sensación de haber comprado alabanzas indiscriminadas con poco esfuerzo. Y, lo que es peor, afianza su dependencia del adulto.

Elogios beneficiosos: apreciar

Una niña ayuda a su maestra a colocar los libros en la estantería. Esta, tras la tarea, describe lo que ambas han hecho: “ahora los libros están clasificados. Será fácil para los niños que encuentren los libros. Has trabajado mucho, pero lo has logrado”. El elogio apreciativo es concreto, se refiere a eso que exactamente el niño ha hecho, a cómo lo ha hecho y le transmite aprecio. El resto de esta historia es que es la propia niña la que saca conclusiones positivas sobre sí misma sin exageraciones y sin menosprecios. Porque, sí, el elogio excesivo, difuso, termina percibiéndose falso y como un menosprecio.

Las críticas asesinas del carácter

De manera parecida a los elogios sucede con las críticas. Están las que degradan a la persona del niño, las que se dirigen comenzando con “eres…”, y le siguen cosas como: “tonto, malo, retorcido, un desastre, qué voy a hacer contigo, …”. Lo mismo que hemos dicho con los elogios, estas críticas evaluativas transmiten una valoración sobre la esencia del niño en el momento en que está formando sus sentimientos y juicios sobre sí mismo. Es decir, cuando más vulnerable es. Y en nada le ayudan para mejorar su tarea o su manera de hablar.

Las críticas que ayudan

Son las que describen lo que el niño ha hecho y las consecuencias de lo que ha hecho. Son las que expresan emociones de manera verbal sin perder el sentimiento de amor edificante. Son las que dicen: “habría que reformar esta parte de tu tarea, ¿no te parece?” o “me siento enfadado contigo, hijo, porque has causado esto” Nuevamente aquí el niño saca conclusiones sobre exactamente la tarea que no ha hecho bien o la burla a un compañero que hay que rectificar. Ni más ni menos.

El amor

Un niño tratado con amor tiende a interiorizar ese sentimiento. Se experimenta, así, como alguien digno de cariño. Los padres y, desde su papel, los educadores, transmiten ese amor por las palabras que le dirige y que dirige en su presencia. Lo hacen también por las acciones que dedican a su cuidado cuando este es necesario. Y, muy importante: transmiten amor a sus hijos cuando sienten, simplemente, gozo y placer por la mera existencia de sus hijos. Y es que estos lo notan.

Incluso cuando los padres se enfadan o decepcionan por alguna circunstancia de la vida, se lo hacen saber sin dar la más mínima muestra de que retiran su amor al niño. Enseñan al niño sus emociones de adulto, sí, pero no le dirigen palabras de rechazo personal. De nada sirve que en unas ocasiones se les demuestre cariño y amor con efusión y a la vez siguiente se les manden mensajes de: “no vales” o “no eres suficiente”. El amor hacia los hijos es incondicional, no chantajea con algo tan importante. Igualmente el amor hacia ellos es hacerles saber que no se está de acuerdo con ellos cuando atentan contra sí mismos o cuando faltan al respeto o a las tareas.

Y…cometer errores es una parte esencial del aprendizaje

Con las raíces que formamos en nuestros hijos van las semillas de las alas que han de desplegar. Esas raíces están formadas de aceptación, de autoestima, de deseos de descubrir cosas, seres, sensaciones e ideas. Descubrir maneras de hacer que su vida tenga tanto de aventura excitante como de valentía personal ante los reveses.

Y deben cometer errores, porque hacerlo es una parte esencial de todo aprendizaje.

Joaquín Santiago