Qué es la autorrealización personal y cómo guiar hacia ella

Qué es la autorrealización personal y cómo guiar hacia ella

La cúspide del logro de un ser humano es la autorrealización, ese estado en que hemos iniciado el camino de nuestra plenitud como persona. De las muchas definiciones, a veces contradictorias, de la felicidad, esta de la autorrealización es sin duda la más apropiada. Debemos a Abraham Maslow que la haya colocado en la cúspide de las necesidades humanas donde las más básicas (comida, cobijo, sexo) están en la base.

Maslow definió la autorrealización como “la realización de las potencialidades de la persona para llegar a ser todo lo que uno puede conseguir con el propósito de ser plenamente humano, contemplando el logro de una identidad y de una individualidad completa”.

Antes que Maslow, Kurt Goldstein definió la autorrealización como “aquel impulso básico que indica la tendencia a realizarse a sí mismo tanto como sea posible”. Y este de la autorrealización es el motivo principal de la educación. No cultivamos los espíritus de nuestros niños y jóvenes para otra cosa. O, al menos, no deberíamos hacerlo con otros fines que este: que lleguen a iniciar conscientemente algún día el camino de la autorrealización.

Pero llegar a esa etapa en que una persona empieza a sentirse realizada no es cuestión de los primeros años de la vida. Ni siquiera de los segundos. Solo cuando se han hecho ciertas cosas, vivido otras y sentido muchas se puede empezar la autorrealización personal.

Lo que hay que vivir antes de la autorrealización

La autorrealización es fruto maduro de una criba, de una destilación de cualidades y deseos. El contenido concreto de ‘autorrealizarse’ es diferente en cada uno de los seres humanos. Depende de cuál ha sido la propia biografía, de cuáles han sido los motivadores principales que se hayan tenido y, también, de los motivadores complementarios.

Pero por encima de estas diferencias individuales e irrepetibles de cada persona, la autorrealización es un cuadro cuyas pinceladas resumen lo más íntimo y auténtico de uno. Quedan ya fuera de este estado maduro las imposiciones y los rechazos, los conflictos interiores y las ansiedades. ¿Mas cuáles son las vivencias que nos llevan a alcanzar ese estado de autorrealización? ¿Y qué hemos de seleccionar de esas vivencias y qué rechazar?

Los tres grandes motivos de la naturaleza humana

Son muchas las personas que nunca llegan a entrar en la fase final de autorrealización. Ocurre que han quedado atrapadas en lo menos elevado de sus vivencias. Por eso, llegados a la etapa adulta o mejor, empezando a educar en edades tempranas cómo llegar a esa fase más plena, hemos de tener en cuenta los tres rasgos básicos de la personalidad. O se es alguien motivado por el logro, o alguien motivado por la pertenencia a un grupo, o alguien motivado por el liderazgo y el poder.

Estos tres motivadores están presentes en cada uno de nosotros, pero siempre hay uno principal. Y fue el psicólogo David McClelland quien en 1961 señaló estas tres necesidades como motivadores básicos de los seres humanos. De su estudio podemos deducir que si los educadores y padres identifican pronto qué rasgo domina en un niño, pueden ayudarle a vivirlo con un final feliz.

Y ese final feliz no es otro que el de la autorrealización según sus propias capacidades. Si se vive el logro, o la pertenencia, o el liderazgo con ansiedad, la realización personal no llegará. Estos son los rasgos de cada una de las tres necesidades motivadoras:

Quienes necesitan el logro

  • Son personas que buscan activamente el éxito en lo que emprenden. Buscan el reconocimiento de los demás en sus logros. Para desembarcar en la etapa de la autorrealización, debemos orientarlos a asumir tareas sin exceder sus capacidades y a no depender de la aprobación ansiosa de los demás.
  • Los chicos y adultos de este tipo asumen la responsabilidad de las consecuencias de su conducta. Más para arribar a una madurez feliz deben evitar las autoculpas excesivas, esas que minan el carácter.
  • Son personas innovadoras y más eficaces que los demás en tareas desafiantes y más bien normalitos en las tareas cotidianas, las que les motivan menos. Para una vida positiva de este rasgo es necesario evitar la obsesión por el logro y la satisfacción en ser autónomo en tareas del día a día.

Los que necesitan pertenecer a un grupo

  • Los chicos y adultos orientados a sentirse dentro de un grupo son muy conversadores en los pequeños grupos y prefieren vivir cerca de los ambientes sociales.
  • Necesitan sentirse aceptados por el grupo. Si esta necesidad es obsesiva, su felicidad futura está comprometida. Por eso deben buscar una intimidad en la que no se sientan amenazados, siendo más selectivos con las amistades que eligen.
  • Son personas a las que no les gusta estar solas mucho tiempo. Sin embargo, un cierto aprendizaje del “estar a solas” es importante para fortalecer su identidad y vivir el contacto social con armonía.

Quienes aspiran a liderar o a mandar

  • Los orientados a liderar y a dominar son personas que buscan convencer y persuadir a los demás. La obsesión porque estos le obedezcan puede llevar a los aspirantes a líderes a entrar en conflictos. La autorrealización madura de quien ama liderar y mandar viene solo por el mandato ético del respeto a la libertad de los demás, a buscar el bienestar general siempre y a lograr cosas positivas para ellos más que a manipular.
  • Suelen ser personas que tienden a utilizar a los demás en beneficio del propio prestigio o para imponer su propia importancia en el grupo. Para que de adulto se autorrealice positivamente, el joven con este impulso debe ser educado en que influir no significa manipular.
  • Quienes aspiran a un alto poder en el grupo deben comprender que no siempre resultan ser ellos los que más contribuyen a que el grupo esté cohesionado y a que llegue a las mejores soluciones a los problemas. Mandar y aportar no son lo mismo.

La autorrealización como criba y trascendencia de los tres motivos

Es por todo esto que alcanzar la cúspide de la pirámide de Maslow, la autorrealización es algo que no siempre ocurre y que la educación de chicos y de adultos en este sentido es importante. Es esa destilación de vivencias la que hace que una persona alcance una madurez feliz. Feliz sin fantasías, feliz sin compulsiones, feliz con entusiasmo, feliz con autoestima.

Joaquín Santiago