¿Por qué es importante enseñar a los niños lo que hicieron los griegos?

¿Por qué es importante enseñar a los niños lo que hicieron los griegos?

No es fácil encontrar mejores ejemplos para los niños acerca de la vida. Las fuerzas internas que mueven el alma y las fuerzas sociales y culturales que mueven la sociedad tienen su origen inteligible en las tres ‘grecias’. La Grecia micénica, la Grecia arcaica y la Grecia clásica. En los pasos traumáticos de cada una a la siguiente se hallan condensados lo que el hombre es, lo que el niño debe tener siempre en cuenta en su crecimiento. No solo esta enseñanza, pero necesariamente ella. Existieron y existen muchas otras culturas y complejas civilizaciones, pero siempre que a los niños les transmitamos los sentimientos y saberes básicos acerca de esas tres ‘grecias’, sabrán:

  • Entenderse mejor a sí mismos.
  • Entender mejor a los demás.
  • Entender mejor todo lo que hay, lo que late en culturas asiáticas, africanas y americanas.
  • Entender mejor el dinámico, excitante e incierto mundo actual.

No es posible resumir e interpretar completamente todo ello ni en una prolija colección de gruesos libros, pero sí dar unas esenciales pinceladas educativas. Hay otros rasgos a destacar, pero estos van directos al corazón de esos valiosos legados.

La Grecia micénica, la humanidad, los niños

La Ilíada, la Odisea, los dioses olímpicos, los valores de la nobleza de Micenas, el ansia de vida ante los sinsabores de la existencia. Se sabe relativamente poco de los hechos y detalles de este periodo, pero se lee bien lo que hubo en el trasfondo de su vida espiritual. En las tensiones del alma griega, asomada como todas las almas humanas y en todos los tiempos a las frustraciones, sobresalió siempre la voluntad de vida. Sus mitos imaginados, las luchas inventadas entre los mismos dioses no pretendían negar valor a la existencia real y cotidiana, sino aceptarla como es. Y superarla representándose valores como el heroísmo, la superación de los problemas, el infatigable levantarse tras cada caída. Es así como:

  • Podremos educar a los niños en la fortaleza de ánimo.
  • Les ayudaremos a crear en su interior resistencia y valor ante las frustraciones en la escuela, en las amistades, en los juegos. Al final, en toda su posterior vida adulta.
  • Los animamos a crear sus propias metas, objetivos e ilusiones con las que vayan más allá de los problemas y de los obstáculos.

La Grecia arcaica y el olimpismo

Quizá se conozcan aún menos detalles de la historia de este periodo. Pero sí sabemos que tras las monarquías tribales se comienzan a asentar las primeras ciudades, las ‘polis’. Y con ellas, la conciencia griega en una comunidad amplia que los une. Y con ese sentimiento de unidad de todos los griegos viene el sentido de la competitividad entre ellos. De las luchas entre las ciudades surge la superación de las mismas luchas en el espíritu deportivo, competitivo, ‘agonal’. Y de ahí, el olimpismo, los juegos, el cultivo del cuerpo y la lealtad bajo reglas. Y este espíritu, este superar la lucha mediante la misma lucha ennoblecida es lo que debemos aprender para educar a nuestros hijos. El deporte, el juego y buscar la propia excelencia surgen en los niños hacia los siete años de su vida. Conectarlos con la seriedad del espíritu lúdico arcaico es una gran enseñanza. Los niños, como los griegos de aquella era, aprenden así:

  • La autosuperación.
  • La lealtad a las reglas.
  • El respeto a los rivales.

El uso de la razón en la Grecia clásica

Y, tras todo lo anterior, brota como fruta madura la gran filosofía. Anticipada brillantemente por los filósofos presocráticos, es seguida no menos brillantemente por los tres grandes: Sócrates, Platón y Aristóteles. Y, de aquellos y de estos, el amor a la indagación, al descubrimiento, al uso de la mente inteligente, entendedora. De las anteriores etapas se aprende el amor a la vida con todos sus pesares, el amor a la sociedad con todas sus luchas convertidas en noble rivalidad. Ahora se enseña el uso de la razón para acercarse a esa vida:

  • Con los presocráticos y la necesidad de aprender de la naturaleza. Especialmente con Heráclito y su ‘todo fluye’ se aprende a sentir el cambio permanente de la vida, se prepara a los niños ante esta sociedad tan cambiante.
  • Con Sócrates, el cuestionamiento permanente de todo.
  • Con Platón, las matemáticas y la búsqueda del bien.
  • Con Aristóteles, la lógica y el respeto por la naturaleza y por su estudio y clasificación.

Poco o nada hay de desechable de las tres ‘grecias’. Mucho hay que lamentar, sí, de la desaparición del estudio de las humanidades y de la herencia de estos maravillosos antiguos. Pero, como siempre hemos de hacer, dejemos de lado los lamentos sobre el sistema educativo y rectifiquemos desde los hogares, desde el calor de las familias. Cultivemos ahí el amor a aquellos y la enseñanza que nos han dejado.

Joaquín Santiago

Facebook personal y el de PenF:

https://www.facebook.com/profile.php?id=100027549303236

https://www.facebook.com/joaquinsantiagorubio