Niños que mienten
Adulto aprende a mentir de niño

Niños que mienten

Los niños que se acostumbran a mentir se convierten en adultos indignos de confianza.

Antes o después, los padres y educadores tienen que afrontar el hecho de que sus hijos mienten en algunas ocasiones. Es desagradable para aquellos comprobar que no pueden siempre confiar en que lo que sus pequeños les cuentan o les contestan es verdad. Son varias las causas por las que los niños pueden llegar a mentir y solo con amor y firmeza puede llegarse al corazón del niño. Al fin y al cabo, educar es también corregir. Lo importante es que el niño aprenda a no hacerlo. Que respete la verdad es no solo un aprendizaje ético y cívico sino también un ejercicio de la inteligencia. Los hechos son siempre los hechos.

MENTIRAS SOBRE HECHOS

¿Qué padres y educadores no se han encontrado con que una travesura entre varios niños se ha convertido en un galimatías donde nada se puede llegar a saber? Estos casos de acusaciones cruzadas, silencios y medias verdades son graves si revelan que detrás hay un mal aprendizaje, una mala educación. Niños a los que se les toleran las mentiras tienden a mentir de manera tozuda y es difícil saber qué pasó.

Por eso es necesario empezar a ejercitar con ellos el respeto y el gusto por los hechos. La mente del niño es muy dada a la imaginación y no siempre mienten con intención de hacerlo, sino que suponen hechos de su imaginación como ciertos y hacen generalizaciones injustas sobre el comportamiento de sus amigos. No obstante, ese mal hábito, si es consentido, acaba cristalizando en un joven y un adulto mentiroso.

Los padres que conversan con sus hijos y dedican tiempo de calidad con ellos tienen mucho ganado en esto. En esas conversaciones cálidas, donde la mirada de unos y otros tiende a ser limpia, es cuando conviene ayudarles a hacer que lo que nos cuenten se ajuste a la verdad.

Hay que hacerles preguntas sobre lo que hicieron en el parque, en el colegio demostrando interés, humor y respeto por los hechos. Preguntas de control (¿estás seguro? ¿no es raro que tu amiga haya hecho eso que dices?) son necesarias y es bueno combinarlas con comentarios placenteros, elogiosos y hasta jocosos.

MENTIRAS SOBRE GUSTOS Y SENTIMIENTOS

A veces los niños se sienten inducidos a mentir sobre lo que de verdad les gusta o sobre lo que sienten. Eso ocurre cuando los adultos o sus amigos les presionan sobre lo que “debe” gustarle o “debe” sentir e, incluso, se les ridiculiza por eso.

En esas conversaciones y ratos que los padres DEBEN pasar con sus hijos es bueno dejar que expresen sus emociones, sus amores y sus preferencias sin críticas. Y tan importante como eso es dejarles ver que los demás tienen también sus gustos, opiniones y preferencias a las que hay que respetar igualmente. El niño que vive en un ambiente donde se pueda expresar libre y educadamente será un niño de corazón justo y comportamiento respetable.

LA MENTIRA POR EDUCACIÓN. LA POSITIVA

¿Y qué pasa con lo que solemos llamar mentiras pìadosas? Sin duda es necesario enseñar a nuestros hijos que no se puede decir siempre la verdad sobre lo que se piensa, en cualquier momento y duela a quien duela. Es importante para eso que, si hablamos con el niño y sale un tema sobre alguna característica de un amigo, por ejemplo, tiene que saber que no se puede expresar desagrado sin más ni más. No sirve el viejo adagio de “fiat iustitia, pereat mundus”. Hay que cultivar sentimientos de respeto porque eso permite al futuro adulto esperar respeto y porque, cuando alcance la edad laboral y adulta, ese niño sabrá atraer la confianza de las demás personas.

LA MENTIRA “POR EDUCACIÓN”. LA NEGATIVA

Pero esconder tras la educación, tras la “mentira para no hacer daño”, un ocultamiento de la verdad no entra dentro de lo que entendemos por mentira por respeto. A veces, por no querer hacer daño a alguien, los adultos escondemos verdades que deben conocerse, aunque duelan. Si no lo hacemos, las consecuencias pueden ser más dolor del que se quería evitar.

Ese tipo de mentiras deben quedar fuera de los niños también. Enseñarles a sentir respeto y a prevenir daños mayores aunque no se puedan impedir los inmediatos, mintiendo por falsa piedad, es un aprendizaje necesario. Nada sencillo, pero necesario.

Lo importante, siempre, es saber que los padres que pasan tiempo hablando con sus hijos, tienden a encontrar los caminos hacia el respeto, el amor y la inteligencia mucho mejor que los que no lo hacen.