¿Miedo a lo nuevo? ¡No hay por qué!

¿Miedo a lo nuevo? ¡No hay por qué!

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer o escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.” (Alvin Toffler)

La frase anterior es un reflejo de la necesidad que tenemos padres y educadores de pensar no en un mundo estático sino en una vida basada en el cambio y en la aparición de nuevas oportunidades mientras otras se cierran. No queremos hijos que se bloqueen emocionalmente ante los retos, no queremos hijos cobardes, no queremos hijos sin principios ni sin capacidad para gestionar sus sentimientos e ideas. Por paradójico que parezca, la estabilidad personal se logra mejor aceptando y adelantándose, incluso, a los cambios más que negándolos. Si deseamos que los futuros adultos sean felices y estables, debemos enseñarles a vivir la creatividad y los valores estables como un único y agradable proceso.

Los lugares más adecuados para que los niños crezcan en la estabilidad y, a la vez, en el gusto por la aventura de aprender y crecer como personas, son la familia y la escuela.

Aquí y allá es importante que los que sentimos la responsabilidad de cuidar y ayudar a los niños seamos también firmes creyentes en el cambio. Pero …..

¿Qué debemos cambiar y qué cambios debemos aceptar?

Para que el niño satisfaga la necesidad de estabilidad en las emociones y en la mente y, a la vez, disfrute afrontando los cambios y hasta promoviéndolos, son muy importante los valores. Desde niño importa, y mucho, que se sientan sanamente orgullosos de su validez para la vida, de su honestidad ante sí y ante sus amigos, ante sus padres y ante sus educadores. Eso son valores permanentes que no han cambiado desde la antigüedad más noble. Sentirlos hace que el niño no se desintegre en un mundo lleno de demasiados estímulos.

Pero a la vez es importante se proyecten creativamente con esos valores. El mismo Alvin Toffler lo resumía así: “Tienes que pensar en cosas grandes mientras estés haciendo cosas pequeñas, de modo que todas las pequeñas cosas vayan en la misma dirección.”. Las cosas grandes son los valores permanentes llevados hacia los demás. Las cosas pequeñas son las acciones e ideas sobre la vida en concreto, sobre las relaciones de amistad, sobre lo que se estudia, sobre lo que los niños sienten acerca de las cosas. Lo que necesitamos es inteligencia y emociones, amor, generosidad y sentido crítico y creativo.

Ayn Rand expresaba esta misma idea de esta manera: “El ser humano no tiene opción para sentir si algo es bueno o malo; eso depende de sus valores. Si estos son contradictorios e irracionales, sus emociones le llevarán al desastre”.

Por eso …

… es tan importante tener en cuenta el esquema de la imagen de este artículo. El llamado método Ikigai es una buena combinación para ofrecer a nuestros niños una combinación armónica de valores (misión), emociones (pasión), sentimientos (vocación) y resultados (profesión). En los dos primeros el niño volcará su estabilidad, en los segundos, su apertura al mundo concreto donde le entusiasmará ser creativo.