¡Mamá, en clase me llaman Gordo!
¡Mamá, en clase me llaman Gordo!

¡Mamá, en clase me llaman Gordo!

Elpidio estaba acomplejado por su sobrepeso. Tampoco le gustaba su nombre. Supe de él cuando tenía 8 años, antes de que llegara a mi curso y sé de buena tinta lo mucho que las maestras que tenía hicieron por que los compañeros dejaran de resaltar su gordura. Lo consiguieron pero él seguía acomplejado.

Cuando le traté, tres años después,  Elpidio estaba delgado, le llamaban Pidi (eso le gustaba) y se le veía feliz. No tuve que preocuparme más que de observar su evolución y evitar recaídas en su ánimo. No las hubo.

En las tutorías traté a sus padres y vi claramente la impresionante y positiva influencia que habían tenido en su mejora. Agradecían al colegio la protección y los desvelos que tuvieron en aquellos malos momentos, pero ellos lo aprovecharon no para que Elpidio se acomodara en su sobrepeso y en lo inevitable de sus complejos. Todo lo contrario. Estimularon en él la vida sana, el deporte y, muy especialmente, la buena alimentación que tanto habían descuidado. Se dieron cuenta de lo que había pasado y lo rectificaron. ¡Vaya que sí!

¿Cómo lograron que Elpidio practicara deporte con ahínco y se sometiera gustoso a su dieta?

Ellos me lo contaron: metas, metas, metas. Le propusieron metas. La principal: lograr ser un personaje importante entre sus amigos. Eso le estimuló mucho. Pero no se quedaron ahí. Impregnaron su imaginación y su subconsciente con héroes del deporte. Lo hacía no desde el cómodo y fracasado método de sentarse en el sofá a ver partidos de fútbol, sino con posters de sus jugadores preferidos y las fotografías de esos mismos entrenando en su gimnasio.

La mente de Elpidio, “Pidi”, había sido sugestionada para ser un niño:

  • Resiliente. Supo esperar y perseverar hasta lograr la forma física que tanto deseaba.
  • Hábil en el manejo de sus emociones.
  • Socialmente valioso.

Todo error, todo fracaso contiene en sí la semilla de un beneficio equivalente o mayor si enseñamos al niño a soñar y a trabajar por sus sueños.