Los niños deben crecer con su propia personalidad

Los niños deben crecer con su propia personalidad

“En la vida hay una elección básica: amor o miedo”

En muchas ocasiones, demasiadas quizá, se da excesiva importancia a cómo ‘hacer aprender’ a los niños y menos al simple y siempre maravilloso hecho de que lo hagan. Aprender a jugar, a relacionarse, a estudiar, a disfrutar de un paseo, a sentir amor por unas personas y, por supuesto, a poner límites a otras.

Ríos de libros, de prescripciones pedagógicas, de voluminosos currículos escolares dicen cómo ‘hacer’ que los niños aprendan. Están concebidos para educar a una población infantil en aspectos cuya importancia no se discute: formación básica en matemáticas, conocimiento de la lengua, capacidad de razonamiento, hábitos cívicos. Hay procedimientos para cada edad, para cada materia y también se hace un gran esfuerzo por parte de los docentes por tener en cuenta las particularidades de los niños.

En la familia se decide

Pero nunca en esos esfuerzos, a los que hay que agradecer muchas buenas cosas, se llega donde los padres sí pueden llegar. Y es en la familia donde es necesario hacer la elección que reza arriba como esencia íntima de la educación: amor o miedo. Educar orientando a los niños a una vida llena de realizaciones personales, de aprendizajes, de relaciones desde su propia personalidad, es amor. Hacerlo desde carriles estrictos, intentando que el niño amolde todo su ser a un rígido zapato cosido con procedimientos inalterables, es miedo.

Los riesgos de los niños-marioneta

Como en la vida de un buen artesano, el aprendizaje va primero, pero el toque personal es lo que marca la diferencia. Y si no animamos a que el niño desarrolle sus gustos, sus pasiones y sus aptitudes valiosas podemos encontrarnos con dos escenarios no deseados:

  • Niños sumisos y temerosos de saltarse los límites que se les impone innecesariamente.
  • Niños rabiosamente rebeldes que hacen saltar por los aires cualquier modo de vida sana, agrediéndose a la vez que agreden.

El cambio permanente será la regla

Estamos en tiempos en que no debemos arriesgarnos a tomar el camino erróneo, el de la rigidez en la educación. Pretender que la vida social, la económica, la de relaciones puede ser estrictamente planificada con movimientos dirigidos, es no solo un error práctico. Es, y esto siempre fue así, una incomprensión de la naturaleza humana.

La incertidumbre social, el no saber qué ocurrirá mañana, la variedad de relaciones de pareja, de trabajo, de amigos, es el excitante reto de nuestro tiempo. Y para eso no hay cura ni debe haberla. Los niños de hoy crecerán en ambientes cambiantes. Los métodos en el trabajo cambiarán tanto como los tipos de trabajo. La vida sentimental tendrá tantas soluciones como personas se atrevan a llevarlas a cabo. Y nada es ni será definitivo. Y es por eso útil y práctica una educación donde el niño vaya expresando su ser íntimo, gustos, soluciones personales, modos de conectarse con los demás.

La realización personal es la meta

Y siendo muy importante lo anterior, no lo es todo. Tener resultados en la vida vale, pero tenerlos primero consigo mismo va primero. No se puede ni se debe querer vivir si se está muerto por dentro. Educar tiene que ser orientar, animar, crear entornos donde el niño consiga resultados y que los consiga, sobre todo, a su modo. Los aprendizajes son algo a alcanzar siempre desde las estrategias que el propio niño debe descubrir uniendo lo que capta con lo que él mismo procesa en su interior.

Y para eso debe animársele a conocerse a sí mismo: sus emociones, sus pensamientos, sus conclusiones. Debe animársele a investigar, a amar la vida, las acciones y los sentimientos.

 Y, cómo no, a cometer errores, que no son pecados, y a rectificarlos desde su propio anhelo de superación.

Joaquín Santiago

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