Leer “como sea” o sentir al autor

Leer “como sea” o sentir al autor

Los adultos leen, cuando eso sucede, por muchos motivos y con muy diversas motivaciones, y eso va en la idiosincrasia personal o social de cada uno. Lo que en los ajenos a la educación de niños podría ser una cuestión que solo a él mismo afecta, en los que están cultivando algo bueno en sus hijos o alumnos deben tener bien vivas en sí mismos dos cosas: que una actitud positiva y fuerte ante la vida ayuda en una actitud sana en el niño. Y la otra es que, con esa vitalidad, la lectura deja de ser una evasión y pasa a ser un momento de experiencia intensa.

Leer es sentirse a uno mismo

En esa experiencia, el niño no solo llena su mente con lo escrito, sino que aprende a sentir más allá y vive las ideas y sensaciones del autor del libro. Así y solo así, con ese ejemplo de su educador, el niño que lee se asoma a algo grande con ánimo grande y no “se distrae” simple y apocadamente.

Asomar el propio espíritu de aventura a un libro no es un acto de entretenimiento simple, como cuando bebemos distraídamente de un vaso o escuchamos la última canción nacida para distraer o animar, y que ahí se muere. La lectura se ha convertido para una parte, demasiado grande, de las personas en un paseo de mente ligera y pies pesados. Pasar la vista por las líneas del texto como buscando con ansia algo que nos distraiga de las frustraciones cotidianas, presupone sentirse derrotado por la jornada; y, sin duda, convierte la lectura en un mero arrastrarse tras la fuga nuestra de cada día.

Un lector puede ser curioso y no buscar nada preciso, pero sí desear abrirse a las ideas y sentimientos de quien escribió; o bien busca cierta información concreta que le haga sentir bien por aprender algo, que siempre será útil para él. Puede que otro lector necesite una inspiración en su vida, que tal vez conozca o quizá no, pero que busca desde su propia hambre de vitalidad y de cambio.

…y, además, sentir al autor

Libros de narración son excelentes para mentes que necesiten poner nombres, caras y hechos a verdades, fantasías o a verdades simuladas. Pero si bien en cada uno de nosotros vive la necesidad de saber qué pasa y a quién le pasa, el ser humano necesita ir más allá de lo entretenido: ha de sentir también al escritor, ha de intentar adivinar quién hay detrás y qué quiere hacernos saber y sentir.

Libros de no ficción son los preferidos en los instantes de información o de vuelo de la imaginación, o de instrucciones prácticas. Mentes más satisfechas con la racionalidad pueden encontrar en estos libros una fuente de placer con la que crecerán en una o varias de sus mejores habilidades humanas. Pero en este caso el lector se encuentra con la necesidad de alzar el velo que hay tras las palabras que recorre la vista y percibir, además, el alma del autor, lo que quiere decirnos, sobre lo que nos quiere alertar.

Leer es en sí un ejercicio mental y emocional delicioso. Supone, en quien lo practica, un corazón, puede ser que cansado, pero nunca derrotado. Y es con esa sensación de “vida-que-desea” desde donde practicamos la mejor inmersión en el texto y la trasladamos a los niños.