La familia ante el Trastorno Obsesivo Compulsivo y lo que eso enseña a todos

La familia ante el Trastorno Obsesivo Compulsivo y lo que eso enseña a todos

Las emociones siguen siendo las eternas desconocidas del ser humano. No por desconocidas y comprendidas son, por supuesto, menos vívidas, menos reales y menos determinantes de nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. Nunca llegaremos a conocerlas del todo y a dominarlas. Excederán siempre nuestras capacidades. Y es mejor que sea así porque de llegar a ocurrir, las mujeres y los hombres quedaríamos disecados o, cuando menos, detenidos en nuestro propio soplo gélido. No habría ni retos ni superación.

Los que padecen el Trastorno Obsesivo Compulsivo sufren su dolencia, pero afrontarlo positivamente les ayuda y nos enseña. Enseña a su familia y, sin lugar a duda alguna, enseña a los que nada saben sobre esto a comprender más el mundo real de las emociones. Conectarse con ellas, con las de uno mismo y con las de los demás es básico y es como Gardner propuso. Una inteligencia emocional madura, afirma este autor, se conecta consigo mismo (inteligencia intrapersonal) y con las de los demás (inteligencia interpersonal).

Un reto familiar

Lo que les ocurre a las personas diagnosticadas como de Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C.) es que sus emociones más intensas, más dominantes subordinan a todas las demás de manera tiránica, anulándolas. Y lo hacen aplicándose a gestos concretos, hábitos determinados, deseos que obligan a sus familiares y amigos a tres opciones.

Hay matices entre estas pero, en resumen, son: culpar a quien padece el T.O.C., culparse a sí mismos por tener entre ellos a alguien así o afrontarlo con grandeza, sin culpas y con flexibilidad.

Las creencias de la familia como tal familia

Las familias se forman y se cohesionan no solo por un hecho biológico. Cualquier grupo humano, aunque especialmente el familiar, cuida tradiciones, recuerdos y valores propios. Padres y antepasados cercanos que transmiten un sentido de la unión y del orgullo familiar. Y, muy importante, se inculcan los comportamientos familiares que “deben ser” y los que “no deben ser”. Y es aquí donde se marcan las diferencias. Hay familias caóticas, que no cultivan apenas la unión del grupo. Hay familias rígidas, que lo hacen reprimiendo toda diferencia. Y hay familias acogedoras y flexibles que cultivan los afectos y las reglas, pero abiertos a lo que cada miembro puede dar de original.

Tipos de familias ante el T.O.C.

Las familias donde no se cultiva la comprensión de las emociones de sus miembros, padres e hijos, reaccionan ante el T.O.C. con desorientación total. Simplemente no lo abordan y, en este punto, reaccionan con sentimientos de culpa y vergüenza hacia el doloroso “comportamiento del T.O.C.”, hacia ellos mismos o ambas cosas. Por lo general tienden a ser rígidos con cierta idea perfeccionista de su propia familia, con una clara división entre lo normal y lo anormal. Al igual que las familias caóticas, desatienden las demandas emocionales más íntimas de los hijos. La gestión de miedos, deseos, personalidades “diferentes”, alegrías y tristezas se hace casi a golpe de reprimenda o menosprecio.

Las familias que, en cambio, tienen una visión realista de sí mismas tienden a mantener su unión emocional en torno a la comprensión y a un espíritu abierto a lo diferente. Cuando uno de sus miembros, generalmente un hijo, tiene una personalidad más destacada, se ve como algo a afrontar, algo a acoger. Lo más cercano a esa manera de hacer sería decir que abrazan sus propias contradicciones y que aspiran a convertirlas en un brote de oportunidades para crecer. Y un miembro con T.O.C. es un reto especial porque es, por supuesto, un miembro especial.

Aflojar la cuerda para ellos y para todos

Es claro que el Trastorno Obsesivo Compulsivo es un padecimiento, no parece que sea una diferencia de la que se pueda extraer alguna ventaja. O quizá sí. Si tanto el sentido como las investigaciones especializadas descubren la necesidad de acoger la diferencia de quien es obsesivo-compulsivo, no es difícil percibir esa ventaja. La misma actitud cercana a las emociones de sus miembros abre a esas familias a cuidar de otras diferencias. Algunas de ellas pueden llevar etiqueta o diagnóstico, pero otras no. Los talentos y las capacidades de los hijos, sean cuales sean y alcancen o no gran altura, deben ser integrados en un ambiente flexible, plástico, acogedor y estimulante.

Solo así el grupo familiar progresa y convierte las dificultades en oportunidades. Cuando menos, se cuida de la felicidad habitual de sus miembros.

Joaquín Santiago

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Algunas fuentes:

Funcionamiento familiar, creencias e inteligencia emocional en pacientes con trastorno obsesivo – compulsivo y sus familiares” (Equipo de dirección de Servicios Clínicos. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, México).

“Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica” (Howard Gardner)