La energía educativa de la motivación

La energía educativa de la motivación

Somos seres condenados a movernos, como confirma con claridad José Antonio Marina. Vivir es movernos hacia algo que nos permite sobrevivir, sobresalir y sentirnos realizados. Nada hay tan elemental como esto. Podemos y debemos hacerlo más autónomamente y también sintiéndonos parte de un grupo con los mismos objetivos, pero no podemos dejar de hacerlo.

Nuestra condición de seres vivos nos condena a sobrevivir, que no es otra cosa que tener uno a varios medios para obtener recursos: trabajo o negocio. Nos condena a sobresalir, es decir, a realizar aportaciones propias a los demás, de manera que seamos valiosos en algún sentido. Y nos condena a sentirnos realizados: llegar al sentimiento de la propia valía vital al margen de los vaivenes y los obstáculos.

Pero nada hay en estas tres cosas que dependa totalmente de los demás ni nada hay que dependa solo de uno mismo. La educación de nuestros niños y jóvenes está atravesada por el dilema de que solo cada uno puede encontrar su equilibrio personal, cierto, pero hay normas generales imprescindibles. Que los jóvenes aprendan a sobrevivir a su modo, destacar a su modo y realizarse también a su modo no quiere decir que puedan dejarse llevar por la dispersión.

Motivación perturbadora y motivación realista

No hay duda de que es perturbador tener cerca a un joven o a un niño que no se siente dueño de sus propias decisiones. La sociedad de la inocencia en la que nos hemos instalado facilita comportamientos irresponsables. Irresponsables porque una buena parte de nuestros jóvenes y también de los adultos considera que es responsabilidad de los demás encontrar la propia felicidad. Irresponsables igualmente porque no pocos sienten que no deben aportar nada, que navegan entre micro-motivaciones a corto plazo.

La motivación perturbadora significa poca activación, poca persistencia, poca determinación y poco vigor. El resultado de todo esto es una escasa capacidad de supervivencia, una escasa capacidad de contribuir y una escasa capacidad de satisfacción vital. Los jóvenes que se proyectan hacia el corto plazo son víctimas de las ideas de esta sociedad cortoplacista.

La motivación realista es totalmente diferente y la educación debe ir en esa línea. Hablamos con ello de cinco enseñanzas clave:

  • Enseñar a activarse. Todo ser humano es competente para alguna actividad, pero no todos desarrollan esa o esas competencias. Los padres y educadores deben, si no quieren facilitar la infelicidad de sus chicos, enseñar a aprovechar el impulso personal del niño para incitarles a moverse hacia algo. Proponerles actividades diversas es importante, pero lo es más que elijan una o dos, solamente. Y, muy importante es también, enseñarles a sentir placer en activarse. Las normas son aquí fundamentales: levantarse temprano, hacer la cama y tener hábitos de aseo. O trabajar en su aprendizaje y sentirlo no solo, aunque también, como una obligación social, sino como un goce y un crecimiento personal.
  • Enseñar a persistir. La constancia mantenida es, a veces, más difícil de educar que la activación, el arranque. Y es lo más difícil lo que generalmente es más importante. Para que los niños y jóvenes persistan en sus tareas, juegos, trabajos y obligaciones deben tener delante tareas de dificultad media: ni tan fáciles que no sientan el reto ni tan complicadas que se perciban incapaces. Pero, además, para enseñar a persistir es necesario el siguiente elemento de la educación motivadora:
  • Tener un objetivo, ir en una dirección concreta. Para cada tarea, el niño debe tener en su mente y en su corazón un deseo final de algo. Que piense en su tarea escolar tal y como quiere que quede. Que desee hacer la compra que le encargan para sentir la satisfacción de manejar el dinero y de conseguir llevar aquella a casa. Que anhele sentirse importante dentro de un museo y expresar lo que le gusta y lo que no le agrada de él. Que se interese por un trabajo o estudio y planifique con deseo alcanzarlo y disfrutar de él. Hay muchas opciones, pero decidirse por una cada vez sin saltar de tarea es importante, muy importante.
  • Sentirse vigoroso, con energía. E. D. Ferguson, en su obra Motivation, destaca entre otras esta capacidad energética. La intensidad del deseo es, en parte, educable y no podemos dejar de hacerlo. El vigor en el niño es sentirse capaz, sentirse deseoso de demostrar su capacidad y deseoso de gozar con la tarea y gozar con su final. Para asombrar a sus padres o a sus amigos y para sentirse mejor por demostrarse a sí mismo su capacidad. Todo esto educa la energía y todo eso se puede inculcar para que sea el niño quien piense y sienta que se puede dar ánimo y confianza a sí mismo.
  • Finalizar la tarea. El sentido de acabar, de terminar proporciona tres sentimientos importantes: satisfacción personal, sentimiento de ser capaz y competente en la vida, y tranquilidad por el descanso en sí mismo.

Reglas y motivación

Para enseñar al niño a motivarse, a activarse y a persistir no siempre hay que buscar lo que le guste en sí mismo. Si solo buscamos su “felicidad momentánea” encontraremos su infelicidad vital. Desde muy pequeños es necesario atenerse a reglas, a límites y a obligaciones aunque no comprenda completamente por qué debe hacerlo. Con ello se consigue una personalidad activa y activada. Su sentido de ser capaz y de ser útil crece así y le enseña a ser activo también en las tareas que él mismo decida llevar a cabo.

Las regla sobre cómo comportarse a la hora de comer es una buena manera. Arreglar su habitación, otra. Y, sobre todo, empezar el día con actividades previstas: saber qué va a hacer, qué obligaciones tendrá, qué juegos, qué estudios y qué proyectos personales.

Motivos intrínsecos y motivos extrínsecos

Lo que hacemos tiene un impacto en nosotros mismos y en las personas que nos rodean. Lo que hagan los niños y los jóvenes tiene ese doble impacto muy especialmente. Por eso debemos cultivar los dos aspectos: la satisfacción personal propia por lo hecho y la búsqueda de ser valorado por ello en el ambiente familiar, escolar y laboral. Motivos internos y motivos externos.

Unos niños sienten más un impulso interno y otros, el otro. La combinación de ambos es una receta única para cada persona y hay que respetar esa singularidad en el niño a medida que se vaya produciendo, pero las dos deben estar presentes en su motivación en una medida u otra. Esa fórmula personal será la que marque su eficacia para sobrevivir, para sobresalir y para realizarse en la vida.

Todo ser vivo debe estar atento al entorno, los niños también. Debemos, pues, valorar el entorno y todos, también los más jóvenes, deben actuar como seres únicos en sus ambientes y como seres cooperativos también.

Joaquín Santiago