La ansiedad y la familia

La ansiedad y la familia

Padecemos momentos de ansiedad cuando nuestros sentimientos están dominados por la sensación de peligro ante algo que nos amenaza y sentimos que no podemos controlar. Los episodios de ansiedad son muy comunes entre las personas por lo que no es difícil ver que al menos un miembro de la familia los sufra. Ante esta situación nos vemos en la tesitura de lograr entender qué sucede, y lo más complicado, cómo ayudarle. 

Causas de la ansiedad

Las causas que provocan la ansiedad pueden ser muchas y variadas y para nada significa que la persona no sepa valorar las cosas que tiene o que no esté agradecido a quienes tiene a su alrededor. 

  • Estrés y tensión en el trabajo. 
  • Dolor físico o sensación de mala salud.
  • Problemas emocionales como la tristeza o la soledad. 
  • Traumas de la infancia o de momentos puntuales de su vida. 
  • Situación de estrés extremo a la que no se sabe reaccionar. 

Como ves, la mayor parte de las ocasiones en las que surge la ansiedad, solo la persona afectada conoce el motivo, e incluso es posible que ni ella misma lo sepa. Esto último es lo más común puesto que la ansiedad está ligada a la desorientación ante el peligro más o menos real que la persona ansiosa percibe.

Por eso, no debemos nunca juzgar ni intentar consolar a la persona haciéndole ver todo lo bueno que tiene. ¡Ella lo sabe! Pero en esos momentos, la ansiedad es como un velo que no le permite ver nada. Lo importante es ayudarla a quitar ese velo pero de la manera adecuada. 

Esto es especialmente importante cuando la ansiedad es algo recurrente y se da vez tras vez. 

Qué puede hacer la familia para ayudar a uno de los miembros con ansiedad

No hay duda de que la familia es un pilar fundamental a la hora de la recuperación de un episodio de ansiedad o ante la ansiedad crónica. Importa muchísimo que sepamos que el grupo, la familia y la amistad saquen a la persona de su ensimismamiento ansioso, orientándole a la idea y la sensación de que forma parte de un grupo del que debe esperar atención y que puede esperar ayuda. Importa mucho también que se encauce al ansioso a la idea, igualmente real, de que la persona debe hacerse cargo y responsabilizarse del bienestar de su familia. ¿Qué puede hacer esta?

  • Escuchar con atención. No es lo mismo oír que escuchar. No debemos tender a querer dar una solución, solo necesitan que escuchemos. Tampoco hay precipitarse a juzgar ni a desconfiar de su situación o sus sentimientos. Interesarnos por las valoraciones de su médico, si es que ha ido, será una muestra de interés personal muy apreciada. 
  • Informarse. La información sobre la enfermedad, como qué es, qué la causa, qué síntomas tiene, qué tipos hay, etc., nos permitirá tener una mente abierta y entender mejor por lo que está pasando nuestro familiar. 
  • Empatía. Cuando escuchemos, tratemos de ponernos en el lugar de la otra persona. ¿Qué querría yo que hicieran en esta situación? Y luego, hazlo. Para ello no es necesario hablar demasiado, sino servir a modo de ‘caja’ en la que guardar preocupaciones. Sera una carga compartida y con ella vendrá el alivio. El ansioso debe sentir una confianza ilimitada en los suyos. En algún momento de la ansiedad, la sensación de invalidez personal es tan grande que solo sentir plena confianza en alguien puede llevarle a sentirse tranquilo. Desde esa tranquilidad puede pasar a la siguiente tarea: sentirse capaz de aportar bienestar al grupo
  • Anímale a ocuparse de tareas que beneficien a los que le rodean. Solo así se pueden superar los miedos. Siempre a su ritmo, poco a poco y sin prisas. Déjale claro que estás ahí para ayudarle en todo lo que necesite. 
  • No la sometas a estrés. Hay que transmitir que el grupo, la familia y el ansioso (que es parte útil de ella) tiene la potencia suficiente para superar el problema real que le produce ansiedad.

Hasta el día de hoy la ansiedad es una enfermedad poco reconocida, pero la persona que la sufre, sabe muy bien cuán grave es. ¡Ayudemos y no hunadamos ni juzguemos!