El aprendizaje adolescente del amor

El aprendizaje adolescente del amor

Comenzar el proceso de acercamiento a la persona que nos atrae y enamorarla es algo tan estimulante como tormentoso. Los adolescentes viven esto empujados por los cambios en su cuerpo, en las normas sociales y por los modelos aprendidos. Los chicos y chicas sienten la necesidad de vivir las sensaciones del acercamiento.

El juego intenso y desconcertante se desarrolla, en ellos, entre leves o no tan leves empujones, palmaditas, besos robados o algunas burlas. Comienza así un proceso sutil y ambivalente. Una especie de juego que provoca acercamientos y rechazos. Con suerte se logra un primer contacto físico con la persona que atrae. Y con mucha más suerte, el enamoramiento. Lo que ocurre entre los adolescentes en ese momento determina mucho de lo que va a ocurrir después. Es todo un reto de aprendizaje y menospreciar este descubrimiento sin ayudarlos a ello es un error.

Cambios y más cambios

Los cambios en el mundo social a lo largo de la adolescencia y la juventud son, se podría decir, radicales, profundos y reveladores. Sale a la luz lo mejor y lo peor. En ellos se produce un distanciamiento emocional de la familia o, al menos, relaciones personales que crecen compitiendo con aquella. Los amigos y las amigas íntimas llenan su ser de nuevas preocupaciones y anhelos. Los adolescentes se ven impulsados a poner en práctica habilidades que no sabían que existieran y aparecen rivalidades nuevas.

Y en el fondo de su intimidad, el joven duda y desea sin saber cómo acercarse a la otra persona, qué decir, cómo reaccionar, qué sentir o cómo gestionarse.

Los padres y lo que suelen hacer

Aprende intuitivamente, entre convenciones sociales que no están escritas y que tampoco se les suelen hablar. Los padres actúan, cuando lo hacen, pensando en ahorrarle al chico, erróneamente, los sinsabores del amor. Otras veces aconsejan adecuadamente sobre si la persona que a su hijo le gusta es o no conveniente. Pero pocas veces nos acercamos enseñarles a gestionar sus emociones, a despejar sus nubarrones, evitar sentimientos tormentosos y a calmar y vivir con respeto y chispa este proceso. Aprenden todo esto de series, películas, libros, canciones y, sobre todo, de su grupo de amigos y amigas.

Un enfoque realista

Hay que apostar, desde la perspectiva psicoeducativa, por un apoyo a los chicos que incluya el tradicional enfoque de prevención de la violencia pero que vaya más allá de él. Esa es una condición necesaria, pero nunca suficiente.

¿Qué habilidades básicas pueden ser de gran utilidad?

  • Conocerse a sí mismo. Este necesario consejo de la noble antigüedad ayuda a que el adolescente se responda algunas preguntas importantes: “qué busco en mi pareja, qué siento, por qué me siento así…”
  • Reconocer que el acercamiento, y la misma pareja, es un asunto de dos. Ni “solo yo” ni “solo tú”: “qué necesita mi pareja, cómo combinar sus sentimientos con los propios, qué digo y qué entiende la otra persona…”
  • Y, muy importante, reconocer la propia tensión interna, el conflicto, la emotividad extrema: “cómo resuelvo este conflicto”,” por qué esto me hace sentirme así”, “cómo expresar lo que siento sin ofender ni ofenderme…”

El amor es vida y enseña a vivir

La desorientación con la que experimentan las primeras relaciones amorosas puede ser determinante para el futuro emocional de los jóvenes. Muchos aciertan instintivamente, pero si medimos el acierto por el simple hecho de que logre “conexiones de pareja”, estamos quedando cortos.

Es preciso que los acercamientos, con éxito o no, supongan una mejora interior como persona, un conocimiento de las habilidades para atraer y seducir donde el respeto al otro sea lo fundamental.

En definitiva, los chicos deben sentir que el enamoramiento o la simple amistad con intimidad tienen como finalidad aportarse mutuamente, no restarse.

Joaquín Santiago

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