¿Educar emociones y mente sin incitar al arte? ¡Imposible!

¿Educar emociones y mente sin incitar al arte? ¡Imposible!

La educación integral tiene una tara si no se estimula lo artístico. No podemos hablar de verdadera educación de las emociones si se inhibe, por desuso, la capacidad artística de cada niño. La llamada “educación emocional” es buena, sin duda, pero no basta. Dar consejos de cómo puede uno de ellos mirar dentro de sí para que tenga consciencia de su juego interno de pensamientos y sentimientos está bien. Tener una comprensión de sí, de qué siente, de cómo es su frustración o su anhelo, de su cariño y hasta de su deseo sobreabundante de felicidad, es fundamental. No es algo opcional, es, simplemente, necesario.

Pero esto es solo un paso “hacia”, insuficiente si no se va más allá, si no se le enseña una técnica artística. De quedarnos en ese incompleto estadio, sí que lograremos un niño más adaptado y adaptable, que sabrá cómo comportarse en su entorno. Nada de malo hay en ello, mas algo de medianía tiene el quedarse ahí. La expresión artística difiere de la mera educación de las emociones y de la mente lógica y, a la vez, las perfecciona.  El niño expresa, en aquella, una esencia más suya que en estas, con menos tutela ajena, menos acondicionada, más libre y, por ello, más auténtica.

Arte: las excitaciones armónicas del cuerpo, de las emociones y de la mente

En el arte se excitan e integran las emociones del movimiento con su ritmo y melodía, incluso sin movernos, si es que escuchamos y emitimos música. Si esta se une a la danza y el baile, el cuerpo no se queda en las notas musicales si no que las acompaña. Si el dibujo y la pintura son lo suyo, ese niño tiene en el ojo y en la imagen su centro de estimulación. Escribir artísticamente requiere un completo contacto de su sensibilidad con las sensaciones visuales tanto como con las sentimentales y las cognitivas. Que en lo que el niño escriba tenga prioridad una de estas sensaciones es cosa exclusiva y personal de cada uno de ellos. Ni más ni menos. El resultado será siempre sanador, balsámico y emocionante para el pequeño y para quien desee lo mejor de la vida para él.

Pero se necesita una carril para llegar a hacer, siquiera, un poco de arte

¿Cómo hacer que el niño exprese esto que señalamos si no hay un aprendizaje de la técnica? Esto sería imposible. Plasmar en una de las formas de arte al alma de quien lo hace es frustrante si no aprende el cómo. Y en esto no hay más secreto que el que hay en hacer la cama por la mañana o poner la mesa para la familia. Hay unos pasos y unos movimientos. El aprendizaje de una, o más, técnicas artísticos, tiene muchos pasos ya inventados. La historia cultural humana es muy rica y variada, pero hay modos ya muy depurados de expresar el alma propia en cada arte.

El precio de la mediocridad cultural

Y es en este punto donde se falla. Lo mismo en el sistema educativo que en el prejuicio de muchas familias acerca de la tan supuesta como falsa inutilidad de “lo artístico”. La mente, lo que llamamos “lo cognitivo” se potencian con solo un poco de creación artística. Al nivel que sea. La escuela no lo facilita y pone la música en la cola de las prioridades. Y en la educación plástica, aún menos. La escritura, en ella, presenta demasiados altos y bajos, incluso más de estos que de aquellos. Errores graves que pagamos con una cada vez más mediocre vida cultural colectiva. Se llega, así, a denominar “cultura” a emisiones subjetivas de cualquier modo en desmejora de las expresiones, también subjetivas, de calidad y, por tanto, de la verdad del artista. La buena técnica refina y eleva lo profundo y caótico que anida en el corazón y de cada niño y de cada persona.

Pero hay salidas; siempre las hay

Unos padres conscientes de todo esto, incluso si ellos han heredado esa tara de lo que el arte supone, pueden remediarlo en sus hijos. Al fin y al cabo, debemos querer que ellos vayan, siempre y en todo, más alto que nosotros mismos. Buscar buenos maestros para la técnica y dejar libertad para expresar, con esta, la intimidad del niño.

¿Es posible? Sí, lo es.