Demencia digital: ¿cómo afectan las nuevas tecnologías?

Demencia digital: ¿cómo afectan las nuevas tecnologías?

Parece, solo lo parece, que la tecnología es una nueva promesa. Diferente y sustituta de la que las religiones y la pretensión de valores morales y espirituales eternos nos hizo. Pero es, más bien, la ratificación de esos mismos valores por un nuevo y más ilusorio medio. Las nuevas tecnologías nos arrastran a creer en la promesa de un mayor poder efectivo aislándonos de nuestra propia naturaleza. Creemos, con ellas, que nos aseguramos contra la imperfección, el azar y el sufrimiento.

Nos creemos más y mejor conectados a los demás por las redes sociales. Nos creemos más capaces de saber solo por tener la posibilidad de acceder rápida y efímeramente a buenos sabios o a malos divulgadores. Pero en lugar de utilizar la tecnología para reforzar nuestras capacidades íntimas como seres orgánicos, con vitalidad anímica, se da un paso más para enquistarla. Como de un cortante cuchillo de cocina, podemos hacer un buen o un mal uso de ellas.

La demencia digital: el cerebro se entrega a la tecnología

A esto es a lo que apunta la “demencia digital”, el nuevo concepto diagnóstico popularizado por el Dr. Manfred Spitzer, psiquiatra y neurocientífico alemán, que ha centrado su carrera en el estudio del cerebro y que lleva años alertando sobre las nuevas tecnologías. Se trata de un trastorno causado por el uso adictivo de los medios digitales. Siguiendo su reflexión, el uso continuado y exhaustivo de dichas tecnologías reduce el esfuerzo mental de los chicos y disminuye la capacidad de su memoria. Nada bueno para las futuras generaciones si no tomamos buena nota de ello.

De esta manera, el trabajo cognitivo se debilita. De hecho, la promesa tecnológica se asienta en el sueño de un ser humano mejor con esa debilidad. Se dice, desde los entusiastas de ese nuevo humanismo perfeccionado, que tal flojera sería un paso hacia delante. Liberados de la memoria y obviando el esfuerzo, la creatividad de nuestros jóvenes brotaría sin restricciones. No es así, claramente. La creatividad de nuestros jóvenes no es mejor tras décadas de uso tecnológico. Solamente puede admitirse que se mejora la creatividad en aquellos jóvenes cuya pasión por crear se logra mediante la memoria potenciada y el esfuerzo disciplinado.

Proteger: el refuerzo de la memoria y del razonamiento basado en recuerdos

Hay un pero muy decisivo, no obstante, que hacerle a Spitzer. Hay que limitar este diagnóstico derrotista. Debemos, así, negarnos a negar el buen uso de las nuevas tecnologías. Y hacerlo tan intensamente como debemos negarnos a creer en esa promesa de un humano mejor que prescinde de lo humano. Las condiciones necesarias para sortear la demencia digital son tres barreras con las que proteger educativamente a los niños desde edades tempranas. No evitemos usar en nuestro favor todo lo digital, pero atendamos a:

  • Leer y releer libros. Es esta el arma infalible para hacer que las palabras, las imágenes y las emociones despierten su poder.
  • Memorizar textos y palabras escuchadas de alto nivel. Fiar al recuerdo repetido y vuelto a evocar el crecimiento interior del niño.
  • Evitar que niños y jóvenes se conviertan en adictos al móvil y a toda tecnología.

Todo lo que hacemos, pensamos, etc. cambia nuestro cerebro. El uso intensivo de los medios afecta la estructura de nuestro cerebro. En la mayoría de los casos, sin embargo, estos cambios son sutiles e individualmente diferentes. Y, si las tecnologías provocan esos cambios, el esfuerzo consciente por memorizar y concentrarse vivamente en un texto, también.

En cada hogar los padres deben acompañar al niño con móvil o con ordenador para seguir esas dos propuestas. En cada aula el docente debe desconfiar de la ilusión de que esas maquinitas liberan la mente de los alumnos.

Joaquín Santiago

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