Covadonga

Covadonga

Conocí a una niña especial. No se trataba de la usual niña inmediatista, como lo son casi todos los niños y niñas. Es una de las criaturas más seguras de sí mismas que conocí con su edad y más, mucho más que gran cantidad de los adultos con quienes me crucé en mi vida.

¿De dónde salía su encantador y decidido modo de ser?

La verdad es que fue un misterio para mí hasta que conocí a sus padres.

Una niña cuyo resumen de cualidades eran:

  • Saber lo que quería en cada momento. Su mente estaba acostumbrada a querer algo, a quererlo en armonía con el entorno y a decidirse a hacer aquello en aquel momento. Era decidida, tenía objetivos.
  • Asociarse con quien ella decidía y a evitar a quien no iba con su idea de las cosas, generalmente a las compañías arrogantes y excesivamente vagas y/o desordenadas.
  • A buscar algo que dar a los demás y saber valorar lo que daba para reclamar su compensación.

Covadonga estaba en clase atenta a lo que le decíamos los profesores y tomaba notas sin que nadie se lo indicara.

A veces hablaba con quien le tocara estar sentada, pero lo hacía moderadamente y siempre me inspiró la confianza suficiente como para saber que lo que hablaba era congruente con algo de la clase. A veces lo hacía para dejar la goma de borrar o para ayudar.

Lo cierto es que Covadonga recibía los consejos y estrategias de aprendizaje que recibía de los docentes con discreción, con atención y también con estrategias propias. Aprendió a hacer esquemas como los demás para luego modificarlos a su gusto. Hacía los problemas de matemáticas por la vía prescrita pero siempre nos enseñaba su otra solución, su alternativa, más larga casi siempre, pero siempre matemáticamente correcta

Cuando salía al recreo, siempre con una sonrisa de placer y hablando con sus compañeras y niños, siempre tenía algo en sus manos, algo que resultaba mágico para los demás y que la convertía en una líder tranquila, una persona de esas que marcan tendencia. 

La mayor parte de las veces era una caja de plástico con pequeñas gomas de colores con las que confeccionaba pulseras, collares y anillos…¡y los vendía! En el patio siempre estaba rodeada de felices niñas que la ayudaban y asombrados niños que la admiraban.

Claro que la admiraban, y mucho. Cierto niño, de carácter abierto, con intención de liderar siempre y como sea y de ser la sal de todas las salsas, había encontrado la horma de su zapato, pero.. se enamoró de ella.

Covadonga le ignoraba, aunque él creía en el poder de su arrogancia. Craso error, Luis, no sabes con quién te estabas tratando. Durante dos años, Luis recibía eso, un educado y firme rechazo. Por supuesto ganó ella. 

Y sí. Cuando conocí a sus padres en el trato de tutoría lo comprendí.

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