Nicolás, el niño que lo tuvo todo en contra y triunfó
Cómo fomentar la autonomía en niños

Nicolás, el niño que lo tuvo todo en contra y triunfó

El fracaso escolar es considerado un drama personal, sin duda, pero lo cierto es que no siempre lo es. Se cree que tener éxito en los estudios formales es garantía de cultura, ésta de bondad y, por último, de vida próspera. Pero la realidad es que hay más triunfos cuando se practican otros valores: la iniciativa, la actividad y el trabajo, el espíritu autodidacta e, impulsando todo eso, el amor propio… la autoestima.

La escuela es un trampolín necesario, pero el chico que se atreve a saltar al agua, y lo hace de maneras diferentes a como se le enseña, es el que marca la diferencia.

Nicolás se movía mucho, era inquieto, hiperactivo. En la escuela a la que empezó a acudir tenía problemas para relacionarse y, también, tenía problemas para que algunos docentes le entendieran. Era, según le decían a su madre, distorsionador y vago debido a su hiperactividad y debido a que eso no le permitía acabar las tareas; empezaba cosas y eso era lo que hacía, empezarlas, constantemente.

Su madre sufría igual que su hijo o, tal vez más agudamente, esos rechazos Era, es una mujer que siendo fuertese estremecía con el rechazo que su hijo recibía, pero que cuando se sentía débil y derrotada, se revestía de valentía.

Lo llevó de colegio en colegio. En unos, no recibía la atención personalizada que corresponde a un chico con TDAH. En alguno otro simplemente le decían: “Nicolás tiene lagunas de aprendizaje tan grandes que no podemos hacer nada por él”. Era desolador para un niño que no era consciente de lo que estaba pasando y para una madre que, desgraciadamente, sí lo sabía.

Nicolás pasó la adolescencia entre los fracasos en los estudios de Enseñanza Secundaria Obligatoria y las visitas al psicólogo, al que su madre le llevaba casi rogando ayuda; pero la que recibió se basaba en la poco inteligente terapia del premio/castigo. Administrar premios a portarse bien, duros castigos a portarse mal. “Portarse bien”, “portarse mal”. El esquema era simple, las consecuencias, peores. No había nada que en esa terapia que envolviera una mínima comprensión hacia el niño, ni un trabajo de la autoestima, ni una orientación profesional sensata para su madre.

 Por supuesto, ella, inteligente y rebelde, decidió que Nicolás no seguiría siendo víctima de las ayudas. Siguió adelante por sí misma y animó al hijo a ser él mismo. Dejó de considerarle un fracasado, dejó de tratarle como un drama; le llevó a una finca familiar, a trabajar entre el ganado y las pequeñas cosechas del huerto, y el mensaje que su familia le dio fue que, si no trabajaba, no podría vivir allí.

El trabajo le fue salvando el alma; el no tratarle ni como un enfermo ni como un niño necesitado le llevó a sentir eso tan único del corazón humano como es el saberse válido. Tan es así, que Nicolás fue creciendo en conocimiento de sí mismo, en identificar sus habilidades: electricidad, inteligencia operativa práctica, mecánica e ingenio, mucho ingenio.

Tras ese autodescubrimiento, hecho posible por la intuición de su madre y de su familia, Nicolás realizó estudios de Formación Profesional en la rama de electrónica. Le costó al comienzo porque en verdad tenía lagunas en sus conocimientos, pero tuvo un brillante final con Matrícula de Honor.

El resultado fue un niño orgulloso, una madre orgullosa, una familia orgullosa. El orgullo sano de saber que, contra todo y contra algunos, se ha tenido éxito. Ahora trabaja en una gran empresa de seguridad, en su sección de electrónica. Es competente, apreciado por sus jefes, honesto y profesional, muy profesional.

El éxito a contracorriente no se da solo en personalidades como Elon Musk, Steve Jobs, Thomas Alva Edison y otros que pasan a la historia. Hay ejemplos de lucha contra la adversidad que no pertenecen solamente a genios; hay fracasos en la vida escolar que se convierten en brillantes vidas adultas.

Este fue el caso de Nicolás, caso y nombre reales como real es el ejemplo de vida que nos da.