Cómo afrontar un problema en familia
Cómo afrontar un problema en familia

Cómo afrontar un problema en familia

La familia debería ser nuestro santuario, el lugar donde sentirnos refugiados y el primer equipo con el que contar. No los podemos elegir, pero son las personas que están ahí y las que deberían ayudarnos a resolver un problema.

La situación que nos preocupa puede ser algo que esté sucediendo dentro de nuestro propio hogar, o quizá es algo externo a nuestro núcleo familiar. En ambos casos puede solucionarse en familia, o lo que es lo mismo, en equipo: Cómo afrontar un problema en familia

La comunicación es el primer paso: 

Y no debe surgir sólo cuando se da el problema (Aunque si de antemano no la hay, es un buen momento para empezar) 

Mantener una buena comunicación con la familia nos ayuda a quitar barreras y, llegado el momento en que necesitamos expresar un problema lo podremos hacer con mayor soltura. Compartir nuestros altibajos, nuestras experiencias y hasta nuestros pensamientos más profundos con los nuestros refuerza los lazos que necesitamos tener cuando surge un contratiempo. 

¿De que parte del problema puede encargarse cada uno? 

Como veníamos avanzando la familia es un equipo, e igual que el portero no se lanza a meter gol, tampoco un miembro de la familia debe asumir más responsabilidad de la que puede, pero tampoco menos.

Vamos con un ejemplo: 

Imagina que uno de los niños pasa una mala situación en el colegio, esto le aflige y necesita apoyo emocional en casa, pero también que la situación se solucione en la escuela lo antes posible. En este ejemplo es labor de la madre y/o el padre acudir a clases para hablar con el personal docente, y aunque ellos también pueden prestar apoyo emocional, el hermano puede ayudarle a que se sienta mejor cuando está en casa, por ejemplo jugando más con él o ella.

Todos podemos hacer algo para solucionar un problema, cuanto antes involucremos a nuestros hijos en los pequeños detalles que recobran la armonía del hogar, antes interiorizar el hábito, pero ¡Recuerda! Los peques son peques, no deben solucionar el problema, pero si debemos enseñarles, dentro de sus capacidades, que pueden hacer para ayudar a que todo mejore, así ellos también se sienten más integrados.   Jamás descargues tus frustraciones con tu familia

Un mal día en el trabajo, problemas económicos, las cosas no salen como queremos… Y al final la pagan nuestros seres queridos, a fin de cuentas son los que más cerca se encuentran y los que menos se quejan. 

Sin embargo esto es un error fatal que va destruyendo a la familia poco a poco. ¿Que se puede hacer en estos casos? 

Buscar una vía de escape para el enfado y la frustración, la más económica es el ejercicio físico, existen multitud de movimientos que pueden realizarse empleando solo nuestro cuerpo, eliminando tensiones y reiniciando al momento nuestro estado de ánimo.   

Prevenir es mejor que curar

Y aquí entra de nuevo en juego la comunicación, cuando es fluida podemos saber fácilmente si algo no va del todo bien en la vida de algún miembro de nuestra familia, y poner solución antes de que la cosa vaya a más.