Cinco claves de la educación: felicidad, realismo, ideales, independencia, cooperación y veracidad

Cinco claves de la educación: felicidad, realismo, ideales, independencia, cooperación y veracidad

La autoestima es estar dispuestos a ser conscientes

de que somos capaces de ser competentes para

enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida

y de que somos merecedores de felicidad. 

(Nathaniel Branden)

  • El objetivo del ser humano es la búsqueda de la felicidad

La felicidad es un estado; la felicidad es, en parte, subjetiva y es, en otra parte, algo real y palpable. No podemos permitirnos crear mundos irreales pues solo estaríamos huyendo de permitir que la felicidad entre en nuestras vidas y esto es algo que les debemos a nuestros chicos. No hay una medida única para el sentimiento de la felicidad, pero sí hay una medida orientativa. Ser feliz, sentirse así es sentir que nos realizamos, que desarrollamos más y más nuestro potencial: nuestras relaciones, nuestros pensamientos, nuestra eficacia. Equilibrar todo ello sin que nada se convierta en una obsesión pero sin que nada deje de importarnos. La felicidad es humanismo, progreso, razón, compasión y optimismo realista.

  • El ser humano necesita ser realista

“La realidad existe”. Esta afirmación es obvia en sí misma, pero contiene la fuerza suficiente para no dejarnos atrapar en misticismos de fuga ni en el fatalismo de que nada merece la pena. La biología nos enseña que, en última instancia, todo es necesidad de supervivencia. No en un sentido egocéntrico, sino en un sentido compartido. No en un sentido alicorto, como si la realidad fuera una cárcel, sino en la seguridad de la capacidad personal de que, con inteligencia y sensibilidad, todo o casi todo es superable. Decía Francis Bacon que “la naturaleza, para ser manejada, antes debe ser obedecida”. Y aquí entra la autoestima razonable que debemos facilitar en nuestros hijos. Confianza en su intelecto para comprender la lógica de los problemas. Seguridad personal para permitir que las sensaciones y los sentimientos se unan para actuar y progresar, para ayudar a otros y salir a flote con amplia autonomía.

  • El ser humano necesita ser romántico (con ideales)

Ideales, sí, ideales humanos y terrenales, ideales que se pueden tocar, pero ideales que se pueden sentir internamente. Con ideales, el chico va pensando en el futuro y lo visualiza en cosas materiales, en el cuidado de su cuerpo y en las sensaciones de su alma. Esto último es importante. Tanto si pinta, como si compone, escribe o investiga. Igualmente cuando trabaja en equipo y juega. En todo ello es necesario una dosis de disfrute por lo que hace tanto como deseo de lograr la meta que tiene en mente. Es un cierto romanticismo éste que le hace ilusionarse por vivir, crecer y realizarse. Los ideales parten del mismo niño y van tomando forma en contacto con sus amigos y con el ambiente del colegio, de la vecindad y de los adultos que le influyen. Por eso es muy importante cuidar esos ambientes.

  • El ser humano necesita ser independiente

La sensación de ser competente, querido y aceptado no crece adecuadamente en relaciones de dependencia. Se puede sobrevivir en medio de ellas, pero la felicidad objetiva nunca llega de esa manera. Al contrario, se logra cuando la persona se percibe capaz de sacar adelante sus asuntos con poca ayuda. Es así cuando, más tarde, aprende a cooperar y a comprometerse con su equipo, su familia, su pareja. El aprendizaje de la autonomía está ligado a la inteligencia, a los sentimientos y a la calidad de las relaciones sociales.  El disfrute de sentirse capaz de algo nace cuando los padres y adultos que están alrededor los animan a resolver sus pequeños y medianos retos. Vestirse solos, comer correctamente en la mesa, hablar con su profesor, hacer las compras, matricularse en el instituto, viajar por la ciudad, etc. Esas pequeñas cosas llevan, más tarde a lo que llamamos, simplemente, moverse por el mundo.

  • El ser humano necesita ser racional y necesita respetar la verdad

La racionalidad no es usar solo la mente frente a las emociones y sentimientos. En realidad, la separación mente-emociones no existe. Son toda una experiencia interior única que se manifiesta de diversas maneras. Lo que llamamos racionalidad es el uso equilibrado y realista de todo ello. La racionalidad es la confianza en la propia mente y en los propios sentimientos. Es el deseo de utilizarse para descubrir el mundo y organizar en el interior lo que se experimente en el exterior. Una persona racional lo llegará a ser por muy diversas razones, pero una muy importante es haber tenido de joven una educación racional.

El respeto por la verdad es, aquí, extremadamente importante. Si respeta los hechos que conoce, dirá la verdad. Si respeta su propia mente, dirá la verdad. Si respeta a las personas con las que está y éstas le respetan a él, dirá la verdad y escucharla le hará feliz. Esto es así incluso cuando la verdad contradiga sus deseos. Una persona competente preferirá saber lo desagradable porque se verá capaz de evitarlo o, mejor aún, de superarlo.

Joaquín Santiago